
La foto es en primavera, en la costa valenciana.
Los flamencos vuelan entre el mar y la playa, en unos días que se toman de descanso durante su migración.
La cometa aprende a imitarlos, tanto en el vuelo elegante como en los colores vistosos.

La foto es en primavera, en la costa valenciana.
Los flamencos vuelan entre el mar y la playa, en unos días que se toman de descanso durante su migración.
La cometa aprende a imitarlos, tanto en el vuelo elegante como en los colores vistosos.
Con la caida del Sol los colores pierden viveza y se tornan grises. La cometa acrobática aprovecha los últimos rayos para mostrar sus dibujos volando en un cielo espectácular.

Estuvimos volando cometas acrobáticas en un día ventoso y soleado. El paraje es en el puerto de Pajares, en la estación de esquí de Valgrande.
Al fondo algunas de las estribaciones de Picos de Europa. Las montañas ganan en altura y grandiosidad a las cometas pero éstas no quieren ser menos y dibujan su parte del paisaje.

Volando cometas acrobáticas

Volando cometas acrobáticas








Las montañas de Lugueros (León) son testigos mudos del vuelo de las cometas. Éstas ponen una nota de colorido al marco incomparable que nos regala la naturaleza.




En Tierra de Campos, cerca de Medina de Rioseco, rodeados por sembrados de cereales ya espigados. El contraste entre el cielo azul y los verdes del campo son impresionantes. Las cometas hacen su aporte de color al paisaje.





La cometa vuela en un cielo distinto. Ha visto el Arco Iris y quiere llegar hasta él para elegir los colores de su tela.
Vaya por delante que la foto es un montaje, pero de algo que sucedió en realidad. De eso somos testigos un pastor, su perro, un centenar de ovejas y yo mismo.
La tarde era poco ventosa, pero lo suficiente para poder manejar la cometa y llevarla de un sitio para otro. Al poco tiempo, apareció una cigüeña que se fue acercando poco a poco a la cometa, como perdiéndole el miedo o el respeto.
Moví un poco la cometa hacia la derecha y la cigüeña fue tras ella. Un poco a la izquierda y la cigüeña no perdía el ritmo. La dejé quieta en lo alto y la cigüeña casi se posa sobre ella: curiosa e intrigada, si pudiera pensar se daría cuenta de que ella daba más espectáculo que la cometa.
El pastor guardó silencio, al perro no se le oía ni respirar y las ovejas seguían a lo suyo, comiendo cesped, y sin enterarse de nada.
Al cabo de un par de minutos, la cigüeña siguió su camino. El pastor y el perro recuperaron el movimiento; aquel me dijo que jamas había visto algo igual, y cuidado que ha visto cosas por esos campos de Castilla.
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